Desde los primeros años del siglo XX, se fue afianzando una música ciudadana, el tango. Surgido quizá de la mezcla de varios ritmos como el candombe y la habanera, fue tocado al principio en los bailables de arrabal, alternando con valses, polcas y mazurcas. Pese a su popularida, el tango no es bien recibido en los hogares "decentes": en 1905 la revista "Caras y Caretas", se indignaba por la inclusión de esa danza libertina en los bailes de carnaval. Prohibído inicialmente por la Santa Sede por obsceno y sensual, fue aceptado después de una demostración ante el Papa, y alcanza su reconocimiento en Europa. Ingresó de a poco en las casas porteñas de la "buena sociedad" en transcripciones para piano; incialmente se tocaba con pocos instrumentos: flauta, violín y guitarra, luego se formaron orquestas completas. Los primeros tangos fueron solo instrumentales, o acompañados por letras pícaras, acordes con los lugares donde se bailaba. También se hicieron tangos con temas políticos, y de protesta social, que a veces se incluían en las representaciones de sainetes.

Y es que el baile implica mucho fuego, desbordante pasión, en el se representa de manera violenta la seducción entre dos amantes casuales, sus movimientos connotan una fuerta y agresiva carga sexual, tanto el hombre como la mujer intentan someter al otro, el tango es una cruda batalla erótica.

El exponente máximo del tango es el gran Carlos Gardel, el argentino más querido en la memoria popular, porque con Gardel el tango sale del arrabal, se extiende por toda la República Argentina, con el éxito de sus canciones, Gardel convierte el tango en un fenomeno nacional.